lunes, 15 de febrero de 2016
Hace cinco años, en la calle de Agustín Perez, había una jovencita llamada Ana que antes era una de mis M.A.P.S(mejores amigas para siempre)y que ahora era mi vecina.
Ella tenía novio. Era un chico amable y simpático,pero cuando se enfadaba podría reventar la casa de un solo grito.
Yo nunca me acercaba a esa casa porque me daba miedo porque casi siempre se escuchaban gritos y llantos. Era oficial, era la casa más misteriosa y terrorífica de todo el barrio.
El chico se llamaba Miguel, era un chico moreno, alto y muy fornido. Miguel a veces se quedaba ensimismado y cuando bajaba de las nubes se ponía histérico, empezaba a gritar a todo el mundo.
Pero había una parte de él que Ana no conocía. Miguel maltrataba animales y a algunos niños que pisaban el césped. ¡Era un hombre horrible! Estaba desolada no sabía si decírselo a Ana, pero como yo era una mujer a rajatabla se lo dije. Ella se puso muy furiosa y fue a cortar con él. Él se enfadó tanto que juró vengarse.
Él como era gitano, llamó a sus amigos para vengarse, pero como yo era lista le dije a Ana que se cambiase de nombre, que se fuese y que no volviera nunca.
Dicho y hecho ella se fue, pero el siguió buscándola. Solo que él no sabía que ella se había cambiado de nombre y que ahora se llamaba Catalina Martínez, así que nunca la encontró y no la encontrará.
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