Era un verano del 1989 de junio con un día muy caluroso, una niña llamada Kasira que era gótica iba a ir a una escuela de verano a la que sus padres le obligaron a ir porque mató a su gato Sebastián. Kasira era una niña a la que le gustaba la muerte, el color negro, no se relacionaba con nadie, no quería tener amigos era pudorosa y tenía voz engolada, en puridad le daba igual todo. Ya llegó a la escuela de verano y no le gustaba para nada, le parecía irrisorio porque había muchas pijas y chonis y empollones… Kasira tenía un peluche muy exiguo que siempre se lo llevaba a todas partes, un día las pijas le quitaron el peluche y se creó un tumulto, o lo quería una o lo quería otra, les encantaba el peluche, como se estaban peleando hubo un percance y de tanto tirar del peluche se le rompió un brazo y por poco Kasira les mata y ellas se van corriendo. A Kasira no le atañía porque ya estaba harta del peluche, quería otro, las pijas se acercaron y tenían reservado el peluche en una tienda, fueron con Kasira y le regalaron un nuevo peluche muy chulo y ella cogió y lo rompió.
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