Había
una vez un niño muy extraño lo suficientemente raro que hasta llegó
a dar miedo, vivía en una casa en el bosque cerca de un lago. Una
noche el chico soñó que tenía que tirarse al lago y ahogarse, fue
al lago a tirarse y de repente aparece en el otro lado del lago un
hombre vestido de blanco sin rostro y diciendo “ven conmigo”. El
chaval poseído no hizo caso, se tiró, fue sumergiéndose cada vez
más hacia el fondo hasta desmayarse. El hombre de blanco bajó a
recogerlo y lo sacó fuera del agua. Al despertarse vio que estaba en
una camilla de hospital, no sabia qué hacía allí. Se levantó,
fue a llamar por teléfono a una cabina que había en el hospital a
sus padres que vinieron enseguida. Al llegar ni hablaron ni nada, lo
cogieron y se lo llevaron al baño y de repente se les fue cayendo la
piel a los padres y resulta que no eran ellos, eran alienígenas.
Sus padres estaban muertos y el que le dijo que se tirara al pozo era
uno de los alienígenas que se metió en su sueño.
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